Periodismo narrativo

Entradas etiquetadas como “temblor

Managua zona cero

Por cielo y tierra, Managua es una de las capitales latinoamericanas más amenazadas por desastres naturales. Terremotos, huracanes, deslizamientos, volcanes… apenas hay fenómeno que no intimide a su millón largo de habitantes. La respuesta de sus distintas administraciones ha sido cuanto menos discutible. ¿Tiene sentido convertir la capital en el centro económico y social del país cuando la mayoría de sus habitantes están convencidos de que será destruida a medio plazo?

Este es un debate que se ha dado antes. La urbe ha sido devastada y reconstruida en tres ocasiones: tras una gran avalancha en el Siglo XIX y después de los terremotos de 1931 y 1972. En todas ellas se discutió cambiarla de sitio; nunca se tomó la decisión. Por el contrario, son aún mayoría los edificios que no aguantarían un terremoto. Todavía hoy se construyen de manera discrecional.  Algunos de ellos están a orillas del lago Xolotlán, con el consiguiente peligro de inundación.

El mayor riesgo se encuentra en el subsuelo. Managua está situada sobre 30 fallas geológicas en movimiento desde hace 50.000 años. Los devastadores terremotos que ha sufrido no fueron en realidad tan grandes: 5.8 grados Richter en el 31 y 6.2 en el 72. Sin embargo, la superficialidad de los mismos unida a la deficiente cimentación provocó la ruina total de la ciudad. Tras el desastre se intentaron imponer unas reglas de obra básicas. La verdad es que pocos las cumplen.

Un silencio sísmico preocupa ahora a los científicos: hace varios años que Managua no registra temblores regulares. Según los expertos podría estar produciéndose un acumulamiento de energía preludio de un evento mucho mayor. El llamado es a la calma, pero se repiten constantemente las normas básicas de actuación en caso de gran terremoto.

El peligro en Managua no sólo emana del suelo: también cae del cielo.Las lluvias son otro de sus grandes problemas. Hasta 4.000 personas perdieron sus hogares el pasado invierno por la crecida del lago Xolotlán. Se hundieron barrios enteros, como los populosos Manchester y Las Torres.

Las aguas del lago también tienen historia. Uno de los episodios más surrealistas fue la construcción del puerto Salvador Allende en 2007, a plena orilla. El proyecto fue encargado a dos arquitectos cubanos con más de 40 años de experiencia. Desde luego, no previeron bien una posible crecida.

Las consecuencias sólo tardaron doce meses en llegar: gran parte del lugar se hundió bajo el lago tras las lluvias de 2008. Es fácil observar el punto donde la carretera se hunde en lo profundo de las contaminadas aguas del Xolotlán. Ni siquiera el precedente de 1999, cuando tras el huracán Mitch el lago llegó hasta el teatro Ruben Darío, influyó en el diseño.

La presente época lluviosa preocupa también a los expertos. Sólo con que se dé una temporada normal las aguas podrían alcanzar niveles históricos, tras las espectaculares lluvias de 2010. Una catástrofe para los barrios que se asientan a sus orillas. Aunque la zona está calificada como no habitable, son miles quienes deciden construir allí. Por el camino desoyen todo consejo. Nadie se lo impide. En algún sitio tienen que vivir.

Puerto Salvador Allende tras las lluvias de 2008 (Particular)

Las aguas del Xolotlán no son, además, lo único que agitan las lluvias del invierno. También afectan a las laderas de la ciudad creando peligro de aluvión. En 1876 se dio uno catastrófico: gran parte de la capital fue sepultada bajo escombros. La avalancha es hoy en día un peligro real y los expertos no se cansan de recordarselo a las constructoras. Prácticas azarosas como la deforestación de las colinas y la deficiente edificación podrían estar poniendo en riesgo cientos de vidas.

Otras teorías pueden parecer de ciencia ficción, pero no escapan al rigor científico. El subsuelo de Managua, cargado de lava, podría generar un volcán a medio plazo. ¿De verdad podría ocurrir? La misma historia de Nicaragua dice que sí. A pocos kilómetros de la capital se alza el volcán Cerro Negro, de sólo 150 años de edad. Nació de la nada un 13 de abril de 1850. El precedente indica que, por surrealista que parezca, no puede descartarse la posibilidad.

Distintas afecciones son, sin embargo, más mundanas: la preparación de la ciudad, aunque ha avanzado mucho, dista de ser la ideal para afrontar las condiciones del lugar. Los edificios no están dispuestos contra los terremotos, ni las calles contra las lluvias. Caen cuatro gotas y las zonas populares se convierten en un lodazal.

Las avenidas principales son a menudo seguras, pero los pasos secundarios se anegan en un santiamén. El pavimento de adoquines se levanta. El de alquitrán se hunde. Los autos conducen en un rally continuo. Serpentean por carreteras completamente rectas. Será por estos contínuos estragos que la ciudad parece en permanente reconstrucción.  El eterno pretexto del presupuesto no permite realizar obras más duraderas. La historia de Managua es, así, una de continua superación.

Publicado en Elmundo.es


Ochenta años del primer aviso

El 31 de marzo de 1931 la Tropical Radio informaba al mundo de que un terrible terremoto había destruido Managua. La naturaleza había dado un serio aviso a los capitalinos: el emplazamiento de la ciudad no es seguro. Su ubicación sobre decenas de fallas tectónicas unida a la deficiente técnica de construcción de los edificios dio lugar a que este sismo de magnitud 5.8 en la escala de Richter, casi inofensivo en otros lugares, destruyera completamente la ciudad. 80 años después, con el terremoto de 1972 mediante, los managua siguen cometiendo los mismos errores.

El seísmo tuvo lugar pasadas las diez y veintitrés de aquel fatídico Martes Santo. Cuentan las crónicas históricas que comenzó como un leve temblor que incrementó su intensidad considerablemente con el paso de los segundos. Su epicentro tuvo lugar dentro de la ciudad, cerca de la superficie, de consistencia ligera al estar formada por grandes cantidades de ceniza volcánica. Muchas de las más de 30 fallas que recorren el subsuelo capitalino se activaron: el fatal terremoto provocó alrededor de 1.500 víctimas y un número similar de heridos de gravedad.

Debido a que se produjo en la víspera de la festividad por Semana Santa, muchas personas se encontraban en los mercados, donde ocasionó  gran cantidad de víctimas. Uno de los edificios que no soportó el seísmo fue la Penitenciaría Nacional: se derrumbó, provocando el fallecimiento de cientos de presos y un gran número de guardianes. Además, el terremoto dio lugar a un tremendo incendio debido a las materias inflamables de los productos que se fueron al suelo en las boticas. A los pocos minutos, 20 manzanas del radio central de la capital eran pasto de las llamas.

Cayeron el Palacio Nacional, el Palacio de Comunicaciones, el Teatro Variedades y varios templos cristianos. Sin embargo, el armazón de la Antigua Catedral de Managua, actualmente en ruinas tras el posterior terremoto de 1972, quedó en pie.

Del seísmo se recuerda la gran labor de Monseñor José Antonio Lezcano, que pasó horas socorriendo a las víctimas, la generosa y veloz donación económica del multimillonario Will Rogers  y la controversial actuación de los marines norteamericanos, que por aquél entonces invadían el país y luchaban contra las tropas de Augusto César Sandino: fueron acusados de saquear la ciudad, al igual que la guardia somocista tras el seísmo de 1972.

Especial recuerdo de gratitud tienen los nicaragüenses con sus vecinos centroamericanos. A las pocas horas de haberse conocido la noticia ya habían puesto en marcha dotaciones económicas y personales para acudir en auxilio del vecino en apuros.

A pesar del duro golpe que el terremoto de 1931 supuso para la ciudad, a los pocos años estaba prácticamente reconstruida. Eso sí, incurriendo en los mismos errores: idénticas casas de toquezal emplazadas sobre las fallas geológicas ya conocidas. Poco había aprendido Managua del desastre. La fatal consecuencia se daría 41 años más tarde, cuando un nuevo terremoto, esta vez de 6.2 grados en la escala de Richter, volvía a desintegrar la capital, provocando cerca de 20.000 muertos y un número cercano de heridos.

Sería lógico que los managua hubiesen aprendido la lección, pero no ha sido así. Aunque se han implementado sistemas de vigilancia anti sísmica modernos coordinados por el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales y se ha prohibido construir en algunas de las fallas más peligrosas, el principal problema sigue vigente: los capitalinos continúan, por regla general, construyendo como les da la gana. Un simple recorrido de escasos minutos por la ciudad es necesario para darse cuenta de que gran parte de los edificios no están preparados ante un posible nuevo terremoto.

El Ineter ha informado que la ciudad está emplazada sobre 30 fallas geológicas en movimiento desde hace 50.000 años. Este organismo se mantiene alerta ante lo que denominan un “silencio sísmico”: el número de temblores en la zona ha disminuido de forma considerable en los últimos años. En opinión de los expertos, esto podría estar originando una acumulación de energía que amenazaría con liberarse en forma de terremoto.

Lo que más urge a los capitalinos es construir edificios más seguros ante posibles temblores de moderada magnitud. Aunque Managua continúe siendo una ciudad peligrosa por su emplazamiento geológico, una edificación más responsable es absolutamente necesaria para reducir al mínimo los riesgos de sufrir una catástrofe similar a las dos que tuvieron lugar el siglo pasado.

Publicado en Elmundo.es