Periodismo narrativo

Entradas etiquetadas como “Taxis

Managua en taxi: confidencias nocturnas sobre cuatro ruedas

Transporte

– Fíjese que yo no entiendo por qué unos tienen tanto, y otros tan poco…

Así comenzó, al menos para mí, una apasionante conversación entre un taxista y una señora anónima. Uno de esos momentos mágicos de Nicaragua, en los que uno aprende tanto de la gente más humilde.

Fue un miércoles de octubre. Me disponía a ir a pasar un rato en la casa del ‘obrero de la tecla’, mi compadre el periodista Sergio Cruz. Habíamos quedado en una gasolinera del Siete Sur, así que necesitaba encontrar un taxi. Me subí al primero que pasó, como casi siempre, desatendiendo una vez más las advertencias habituales de mis amigos, preocupados por mi seguridad.

No recuerdo la marca del automóvil, pero sí que estaba bien cuidado por dentro. No había piezas sueltas, habituales en los taxis nicaragüenses, y ni rastro de polvo. La puerta se abría y se cerraba suavemente. Desde dentro y desde fuera. Ni la del Mercedes de un banquero encajaría mejor. Todo un lujo. El ‘carro’ de una persona cuidadosa, sin duda alguna.

Al volante comandaba un hombre cuya edad calculé rondando los 55. Calvo y enjuto, con la mirada puesta en el parabrisas y una camiseta a rayas de tonos marrones apagados. A su lado, una señora de unos 40, de ojos bondadosos y un largo y bien peinado cabello rojo que caía sobre su cuerpo fornido. Detrás me acompañaba un chaval universitario. El automóvil se puso en marcha con un solo rugido, seco y poderoso, diferente al usual lamento ahogado y el sonido de lata vacía de los taxis capitalinos.

– Fíjese que nosotros hacemos sopa ahí en la casa – dijo la ‘doña’- y nos suelen sobrar tres o cuatro tacitas. Las dejamos para el día siguiente, y así nos ahorramos lo que podemos.

No fui capaz de discernir por qué había comenzado la conversación, pero aún así seguí escuchando.

– Un cliente me preguntó un día lo que pensaba del gobierno -se animó el taxista- Yo le dije que si quería mi opinión, ahí se la iba a dar. Le dije que a mí sólo me parecería bien un gobierno cuando acabaran con la pobreza en Nicaragua ¿Hay pobreza en Nicaragua? Pregunté yo. Cuando se bajó me dijo que ya no quería hablar más conmigo, que le iba a cruzar sus ideales.

– Así es. Hágase usted CPC, quizá así complemente algo -se atrevió la señora, sugiriendo que a lo mejor cerca del poder quizá conseguíría algún beneficio.

– Yo ya le dí a esta revolución todo lo que tenía que darle -respondió el taxista.

Su tono era un cóctel de seguridad, orgullo, resentimiento y resignación. Por su edad, bien podía haber participado de alguna manera en la Revolución Sandinista o en la posterior guerra frente a los Contrarrevolucionarios. Del lado sandinista, eso quedó meridianamente claro. La conversación versó durante unos minutos sobre los donativos que realiza el gobierno de Daniel Ortega a la población. De improvisto, como suele suceder en Nicaragua, se dio la siguiente revelación:

Fíjese que yo me libré de la guardia (el ejército del dictador Somoza) porque mi madre era panadera y le vendía el pan a uno de ellos. Yo vivía ahí, a tres cuadras -dijo, señalando los semáforos de El Zulmen- y un día vinieron a mi casa a por mi. El guardia le preguntó a mi mama de qué la conocía a ella. Ella le dijo que era panadera, y se fueron. Quizá la reconoció y por eso me libré. A pesar de todo nunca le he agarrado nada a este gobierno, ni una lámina de zinc, ni nada.

– Ajá-Respondió la señora, absorta ya en sus pensamientos, quién sabe si con las palabras del taxista en su cabeza.

Yo ahora no tengo nada. Ni casa tengo. Estuve ocho años fuera del país y se la ocuparon. Reclamé y llegué hasta el proceso de desalojo, pero al final no se hizo. Ando viviendo en un cuartito -se quejó el taxista.

Poco después se bajó la señora. Ya sólo quedaba yo en el taxi. No dije nada, pensando en lo que acababa de oír. Poco sé de ese hombre, ni de los avatares que haya podido tener su vida. Sí tengo medio claro algo: era pobre en los 70 y lo sigue siendo después de una revolución, en la que probablemente participó, una guerra de diez años, tres lustros de gobierno liberal, y casi dos mandatos más del Frente Sandinista.

Anuncios