Periodismo narrativo

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Sueños de guerrillero

Decenas de muros en Managua están decorados con la imagen de un hombre enjuto, de cabello oscuro y rizado, gruesa perilla y mirada instruida bajo grandes anteojos. Pocos turistas conocen su nombre antes de visitar el país. Él es Carlos Fonseca Amador, uno de los fundadores y líder histórico del FSLN. Murió en 1976 durante una emboscada de la Guardia Nacional somocista. Tres años más tarde triunfaría la Revolución.

Los rostros que quedaron en la memoria del gran público internacional fueron los de Daniel OrtegaTomás Borge y otros dirigentes de menor rango como Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez. La figura de Fonseca se diluyó en la historia mundial como la de tantos otros defensores de una u otra causa que murieron antes de ver cumplido su objetivo. No así en la nicaragüense y menos aún en la sandinista: su recuerdo permanece hoy más vivo que nunca.

Estudiante modelo –se graduó como bachiller del año- fue autor de célebres manifiestos. Uno de los más recordados lo escribió, desde algún lugar de Nicaragua, el 1 de mayo de 1969. Lo tituló ‘Por un Primero de Mayo guerrillero y victorioso’. Concebido como una crítica a los principales problemas socioeconómicos de la República, bien podría tratarse de una reivindicación actual.

“Es necesario que obreros, campesinos, estudiantes y todo el pueblosean conscientes de las demandas que se deben alzar en este momento”, rezaba el manifiesto antes de repasar cada una de ellas. Echemos un vistazo.

Aumento de salarios a todos los trabajadores y empleados; disminución de los precios de los alimentos, medicinas y demás artículos de primera necesidad”, pedía Fonseca. 42 años después de la emisión del documento y 32 después de la Revolución, los nicaragüenses continúan enfrentando alzas descontroladas en los precios de sus alimentos.

La Canasta Básica Urbana, unidad de medida de las necesidades ciudadanas que incluye comida y gastos del hogar, superó los 9.300 córdobas (unos 430 dólares) en febrero de 2011, un 10% más que en el mismo mes del año pasado.

Sólo los víveres han sufrido una subida del 36% en relación a 2010. Como casi todo en política nicaragüense, hay dos prismas a la hora de analizar los datos. El presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada, José Adán Aguerri, asegura que la Canasta Básica tan sólo se han elevado un 29% en tres años. Combinado con el 65% que según él han crecido los sueldos en Nicaragua, la población disfruta de mayor poder adquisitivo. Una visión muy similar mantiene el Frente Sandinista.

Otros sindicatos ofrecen datos encontrados: “los salarios se actualizan cada seis meses pero la canasta básica sube cada día”, denuncian. Son especialmente críticos con el incremento del 13% en el salario mínimo aprobado para 2011 tras la espectacular inflación de 2010. Argumentan, además, que los precios de los alimentos se encuentran desbocados tras el alza de los combustibles: el litro de súper se ha elevado un 20% en los últimos dos meses.

“No más despilfarro de dinero colectado en impuestos por el gobierno… disminución de los impuestos y de las tarifas por agua, luz y alcantarillado”, pedía también Fonseca. Desde luego, si algo no ha cambiado tras la Revolución ha sido el despilfarro de los bienes del Estado. Nicaragua se cuenta entre los países más corruptos de América Latina.

A ‘La Piñata’, la repartición en 1990 de tierras públicas entre la élite sandinista, antes de entregar el poder a Violeta Chamorro, le siguió la legislatura de Arnoldo Alemán. El líder liberal fue procesado por elexpolio de más de 100 millones de dólares durante los cinco años que fungió como presidente.  Tiene juicios pendientes en varios países. No en Nicaragua, aquí no se encarcelan corruptos.

Actualmente son investigados desfalcos millonarios en instituciones como la Dirección General de Ingresos, la empresa estatal de aeropuertos y la Alcaldía de Managua.

En lo que se refiere al cobro por el uso de la energía, los precios continúan al alza aunque el gobierno de Daniel Ortega invierte cantidades millonarias en subsidios. Recientemente ha asegurado que, aunque los precios suban, los ciudadanos pagarán lo mismo. La empresa distribuidora de energía eléctrica, Unión Fenosa, es una de las más criticadas del país. Mención aparte merece la situación de la empresa distribuidora de agua potable, Enacal, según varios medios de comunicación muy cercana a una posible privatización.

“Respeto al derecho de los trabajadores de la ciudad y el campo a organizar el movimiento sindical para reclamar sus derechos”, reclamaba el manifiesto de 1969. Los sindicatos nicaragüenses son conocidos por su beligerancia aunque se encuentran profundamente polarizados.

El Frente Nacional de los Trabajadores (FNT), aglutina las asociaciones sandinistas, mientras el resto integra el grupo de los autoproclamados “sindicatos democráticos”. Estos últimos denuncian que los trabajadores del Estado son obligados a pertenecer a la FNT bajo amenaza de despido.

Otra de las reivindicaciones de Fonseca fue “la duplicación del presupuesto que el gobierno dedica a la enseñanza primaria, media, técnica y universitaria”.  Durante la dictadura de Somoza el 50% de los nicaragüenses era analfabeto. Una de las grandes conquistas de la Revolución fue reducir esa tasa hasta el 13%. El presupuesto universitario también se ha incrementado aunque ha de competir con decenas de instituciones privadas.

No todo ha sido luz: el sistema educativo atraviesa una situación crítica 42 años después. Cerca de 500.000 niños han quedado sin matricular en el curso 2011, aproximadamente el 25% de los infantes en edad escolar. La mitad de las escuelas del país no tienen agua potable y se necesitan 20.000 pupitres. En Nicaragua es común ver como cinco niños comparten una sola mesa y otros tienen que escribir en el suelo. Los muros se caen a cascajos. Algunos padres no llevan a sus hijos a la escuela por temor a que se desplome.

A pesar de ello, el Ministerio de Educación ha visto disminuido su presupuesto a nivel porcentual tras la última reforma del Ejecutivo. Del 3,98% que recibía en 2009 y el 3,82% de 2010 se ha pasado a un 3,65%. Aún así es mayor que en varios años de gobierno liberal.

‘Por un primero de mayo guerrillero y victorioso’ también se refería a lalucha contra la desocupación. Esta es otra guerra en la que aún quedan muchas batallas por librar. Aunque el gobierno reconoce un desempleo del 8%, lo cierto es que sólo el 20% de los nicaragüenses disfruta de un empleo convencional y asegurado.

Más del 38,8% de la población nada en las miserias del subempleo. Un 64,9% define su ocupación como informal: no disfrutan de los beneficios que ofrece la ley: el cacahuetero del semáforo no sabe si mañana tendrá ‘reales’ para comprar más. El vigilante privado pone su vida en juego por un sueldo de hambre.

Otra de las aspiraciones de Fonseca era la salud. Pedía la “Instalación de nuevos hospitales y mejoramiento de servicios”. En Nicaragua se han construido tras la Revolución decenas de nuevos y flamantes hospitales, solo que la gran mayoría no puede afrontar coserse un solo punto en ellos: son de propiedad privada y mantienen precios prohibitivos para lustrabotas o jardineros.

Los hospitales públicos hacen lo que pueden con el presupuesto asignado. Cada cierto tiempo aparece en televisión o prensa alguien quejándose de que tardaron meses en atender su dolencia. Sin embargo, el valor porcentual del presupuesto del Ministerio de Salud también ha sido reducido tras la última reforma. Ha pasado del 4,09% de 2009 al 3,65% de 2011.

Fonseca se refirió también a la atención que requieren la costa atlántica y las zonas que sufren mayor abandono. Aún con los evidentes avances que se han producido en esta materia, la realidad es que en Nicaragua continúan existiendo dos países: la costa Pacífico, urbana y desarrollada en el contexto local, y la bañada por el mar Caribe, rural e indígena. Para llegar a Bluefields, capital de la Región Autónoma del Atlántico Sur, existen dos opciones: invertir cinco horas en una lancha neumática a través de un río o viajar en avión.

Estas eran las reivindicaciones de Fonseca. El guerrillero tenía un sueño: una Nicaragua libre y mejor. Esa batalla no concluyó con la Revolución, por cierto, por demérito de algunos de sus precursores; Continúa librándose en cada hogar nicaragüense, en las hoces de los campesinos, los picos de de los mineros y las sandalias de los pescadores, en las ilusiones de los que vierten su sudor ajenos a Managua y los entresijos de una clase política empeñada en enterrar sus esfuerzos expoliando el tesoro público.

Publicado en Elmundo.es

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Las manos bajo la mesa

Nicaragua ha visto desfilar a cientos de políticos y altos funcionarios en el último siglo. Dictadores, revolucionarios, liberales, conservadores… distintos gobiernos para diferentes épocas pero la mayoría unidos bajo un denominador común: el expolio de las arcas del Estado.

En el Siglo XXI todo se puede medir y comparar. Por supuesto, la corrupción no iba a ser una excepción. Transparencia Internacional lleva años evaluando el impacto de la corruptela en administraciones de todo el mundo. Su último informe, referente a datos del pasado 2010, sitúa a Nicaragua en el puesto 127 de 178 países en el Índice de Percepción de Corrupción.

No es el único dato que arroja. En otro estudio, esta vez centrado en lapercepción de corrupción en el mundo, medido en una escala del 0 al 10 en la cual el 0 es la corrupción total y el 10 la ausencia de ella, Nicaragua apenas alcanza una puntuación de 2.5.

Datos, desde luego, preocupantes para el desarrollo del segundo país más pobre de América Latina, tan sólo por delante de Haití. El poco ‘real’ disponible en caja vuela para servir a intereses personales o partidarios. La situación es todavía más preocupante si se tiene en cuenta que la corrupción no entiende de signo político.

Repasemos las actuales denuncias de corruptela publicadas por los medios de comunicación independientes. Por un lado, existe un supuesto desfalco en la Dirección General de Ingresos (DGI) instigado por Walter Porras, director de la institución hasta hace dos semanas, cuando fue misteriosamente sustituido. Porras es una de las personas de confianza del presidente Daniel Ortega.

El agujero en la DGI puede ser millonario, pero hasta ahora el ex director no ha sido investigado. Sí sus subordinados. Por cierto que gran parte del dinero filtrado se destinó supuestamente a organizar actos partidistas. Incluso se habría llegado a formar una banda de música, ‘Los Tigres del Ritmo’, para reproducir ‘rolas’ sandinistas, en la que habría participado el mismo Porras, .

Otra supuesta corruptela, esta vez en el Consejo Supremo Electoral, fue denunciada por un periodista de ‘El Nuevo Diario’ hace unos meses. Por cierto, recibió una amenaza de muerte por su investigación.

A ello se añade un caso de robo en la Alcaldía de Managua, desde donde salieron 157 cheques valorados en millones de córdobas. Por ahora tan sólo hay dos sentenciados a prisión, funcionarios menores del Ayuntamiento. Ellos denuncian que el dinero se destinaba a pagar a los ‘rotondistas’ que hacen propaganda al FSLN. Los cheques fueron liberados por Fidel Moreno, secretario general de la comuna, que aduce desconocimiento y ha denunciado a los concejales liberales que le acusan de ser el instigador de la trama.

El 27 de abril se convocó una rueda de prensa en la sede de la comuna. Una fiscal del Ministerio Público compareció junto a Moreno, asegurando que no había pruebas para su inculpación; Sí, una fiscal compareciendo junto al acusado en el lugar de trabajo del mismo.

Muchas de estas tramas pueden sorprender, pero otras superan la ciencia ficción. Es el caso de la trama de ‘Emprecosa’ que sacó a la luz ‘La Prensa’. Esta compañía vendió a la Empresa Administradora de Aeropuertos Internacionales material valorado en más de un millón de dólares.

Lo curioso es que fue supuestamente constituida usurpando la identidad de personas humildes residentes a 400 kilómetros de distancia una de otra. Todavía no se sabe nada de la mercancía. Por no mencionar el consabido tema del manejo discreccional de la cooperación venezolana por parte de Daniel Ortega.

El drama ha sido constante en lo últimos ochenta años de historia pinolera. Mención aparte, por supuesto, merece el patrimonio de los Somoza, construido a partir de su influencia en todas las instituciones del Estado. Se atribuye a Anastasio S. García, el patriarca, primero de la familia en el poder, una frase lapidaria que sentencia su control sobre la economía pinolera: “Que yo sepa sólo tengo una finca y se llama Nicaragua”, habría dicho el dictador. Se calcula que la fortuna familiar podría haber superado los 5.000 millones de dólares repartidos en cuentas en paraísos fiscales. Suyas eran las principales empresas del país.

Cincuenta mil personas dieron su vida para acabar con esa dinastía en una lucha revolucionaria armada, pero la guerra no pudo borrar la corrupción. Otro gran caso histórico es el conocido en Nicaragua como‘La Piñata’, protagonizado por las élites gobernantes del Frente Sandinista justo antes de entregar el poder tras la victoria de Violeta Chamorro en las elecciones de 1990.

Centenares de terrenos y posesiones estatales, la mayoría expropiados tras la dictadura, pasaron supuestamente a formar parte de los patrimonios de los dirigentes del partido días antes de la toma de posesión de la nueva presidenta. Un periodista del diario local ‘La Prensa’ ha sido galardonado recientemente por una investigación sobre el patrimonio del Comandante de la Revolución Tomás Borge, una de las figuras prominentes del FSLN, cuyos movimientos financieros son algo más que discutidos.

Tras la ‘Piñata’ y Violeta Chamorro, quien tampoco se libra de acusaciones, apareció en escenaArnoldo Alemán, el hombre de los 20 millones de dólares. Es la cantidad de las arcas del Estado que se habría embolsado el ex presidente. Fue denunciado ante tribunales nacionales e internacionales, e incluso llegó a ser condenado a prisión, pero no cumplió la pena.

Recibió un peculiar “permiso de convivencia familiar” que le permitió circular libremente por la capital, Managua. La Corte Suprema de Justicia anuló sus cargos en 2009, en un movimiento que sus detractores ligan al interés de Daniel Ortega, quien según ellos controla a los magistrados, por repartirse cuotas de poder con Alemán.

Recientemente tuve una conversación sobre este tema con la diputada del Rescate del Sandinismo Mónica Baltodano. Me señaló precisamente que el mayor drama de la corrupción en Nicaragua es que “no existe un solo corrupto que haya estado un día en la cárcel”. Recientemente, es cierto, sólo se condena al mensajero.

Otra apreciación interesante, acerca de la institucionalidad democrática: “Si tienes, como ocurre en Nicaragua, una Contraloría General de la República totalmente partidarizada, no tienes como sociedad mecanismos para impedir que se produzcan actos de corrupción”.

Es imposible relatar más episodios de expolio al erario en un espacio tan breve como el que ha de ser un blog informativo. La corrupción gana relevancia por la cercanía de las elecciones. Según diversas encuestas, existe un gran número de indecisos, además de preverse gran abstención. Muchos no acudirán a las urnas ante un obvio dilema moral: no creen poder votar a quien no robe, por incomparecencia, sino a quien menos robe.

Publicado en Elmundo.es


El ‘Ché’ Guevara contra el ‘Ché’ Guevara

Es sábado de manifestación en Managua. Salgo de mi domicilio con el tiempo justo para llegar a la zona caliente, tras enviar una nota a España. El día se prevé difícil: la Juventud Sandinista ha decidido concentrarse en la plaza del Hilton Princess, donde debía iniciar una marcha contra la candidatura presidencial de Daniel Ortega

Decido comenzar la jornada caminando hacia la rotonda Rubén Darío. Me pilla cerca y, como bien supuse, sería más difícil llegar si voy en coche. El emplazamiento había sido acordonado dos días antes. Se especulaba que las dos marchas podrían coincidir en ese lugar: ya no lo harán. Los orteguistas se han concentrado doscientos metros al Norte.  Apenas hay una veintena en la gasolinera de las inmediaciones. Van ataviados con lacamiseta blanca que reparten representantes del partido.  Una palabra destaca en todas ellas: ‘Paz’.

Avanzo unos cien metros y me topo con el primer grupo de manifestantes. Reparan en mi cámara y posan para que les retrate, cuidándose en mostrar un pequeño pañuelo del ‘Ché’ Guevara y una botella de ron blanco. Acudirán al festival que ha montado el Frente Sandinista. Poco antes de continuar caminando uno de ellos me pregunta, amistoso:

– ¿Vos, de qué lado sos?-

Señalo mi cámara y parece comprender: no repite la pregunta.

En la plaza del Hilton, cercanas las nueve de la mañana, se pueden contar millares de jóvenes. Aún no han comenzado los conciertos, pero se divierten haciendo castillos humanos. El gran escenario que el FSLN ha construido en el lugar me convence: la manifestación contra la reelección de Ortega no llegará a la plaza.

Abandono el lugar por una salida lateral para dirigirme hacia la concentración opositora. Reparo en los antidisturbios que buscan refugio del sol bajo el tejado de un supermercado cercano. Le pregunto a uno de los oficiales que parece al mando: “¿Cómo esperan el día?” Frunce el ceño.

No he recorrido ni 50 metros por la Carretera a Masaya cuando un grupo de ellos comienza a correr hacia una de las entradas laterales. Cuando hago ademán de acelerar el paso, un policía me detiene verbalmente:

-Usted no puede pasar-

-¿Por qué no?-

-Tuvimos un percance y no puede pasar-

Acto seguido, el oficial comienza a correr hacia el lugar del disturbio. Le sigo. A diez metros de la maraña de agentes, la misma aseveración:

-No puede pasar-

-Vengo a informar-

-¿Sos corresponsal?-

-Sí-

Hace una mueca y un gesto aprobatorio. Perfecto, le ‘valió verga’. La escena que me encuentro al llegar sorprende: unos 40 antidisturbios y oficiales se afanan por hacer retroceder a una veintena de manifestantes del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos y del Movimiento Rescate del Sandinismo. A la cabeza del grupo, Mónica Baltodano, diputada y disidente del FSLN, armando consignas a través de un megáfono. Una mujer parece herida por la carga policial.

Las autoridades son incapaces de desplazar a los manifestantes. Se produce una sentada y comienzan a entonar el himno de Nicaragua mientras los oficiales conversan entre ellos, sin romper la formación. Son unos segundos cierta tensión.

A la orden de uno de los agentes, la Policía decide acabar con la sentada. Se forman grupos de tres oficiales que toman por la fuerza a los manifestantes, sujetándolos de manos y piernas. Algunos se resisten y son arrastrados. Una de ellas es Mónica Baltodano. Me vienen a la cabeza decenas de párrafos de libros y artículos de la Revolución Sandinista: 32 años después, la comandante sigue luchando contra autoridades y políticos.

Por un camino lateral conseguimos alcanzar el grueso de la manifestación. Hay menos gente de la que se esperaba. Un amigo me comenta que la policía está impidiendo el paso de vehículosparticulares para que no asistan a la marcha. Muchos temieron posibles disturbios: no les faltaría razón. Aún así, se han dado cita miles de personas. Algunos de ellos también portan pañuelos e imágenes del ‘Ché’ Guevara,  entre cientos de banderas azules y blancas.

Decido adelantarme para cazar al grupo que encabeza la marcha. Se han encontrado con un primer cordón policial que no pueden superar. Los agentes, la mayoría mujeres muy jóvenes, están desarmados. Ante esta eventualidad, deciden abrirse paso entre empujones al grito de ¡Democracia sí, dictadura no! y ¡Viva el pueblo! A la zaga, un camión repite constantemente el tema ‘La Estampida’ de los madrileños ‘Ska-P’.

El siguiente control policíal detiene finalmente la marcha, a unos 500 metros de su inicio. Allí está la jefa de Policía, Aminta Granera, dirigiendo el dispositivo. Parlotea algo por un megáfono, pero es inaudible. Cientos de gargantas están dando su veredicto: “¡Traidora! ¡Traidora!”. Esta vez sí aparecen antidisturbios armados.

Es casi mediodía en el trópico y hace calor, mucho calor. La muchedumbre se detiene por unos minutos, repitiendo consignas populares y entonando tanto el himno oficial de la nación como la ‘Nicaragua Nicaragüita’ de Carlos Mejía Godoy. Un señor me muestra un cartel escrito a lápiz. En él se puede leer: ‘Juego limpio’. Comenta, para mi sorpresa, que es el mismo que llevaba a las marchas de las elecciones de 1990 en demanda de unas elecciones sin fraude.

Otro grupo de féminas ha elaborado decenas de carteles. En ellos se puede leer ‘Mujeres de Izquierda: no tenemos a quién votar, pero no nos van a callar’. Una de ellas grita consignas a la policía mientras un chaval abre una edición de la Constitución y la pone en el rostro de los oficiales.

El semblante de la mayoría de los agentes parece indicar que no quieren estar allí. Dirigen sus ojos hacia el suelo escapando a las miradas y críticas de la muchedumbre. “Sólo  cumplen órdenes”, me dice Eduardo Montealegre, ex candidato liberal a la presidencia del país, al llegar a primera línea acompañado de un oficial.

Tras un par de cargas policiales y la detención por unos minutos de una activista, los responsables de la marcha llaman a la desmovilización. Minutos después todavía permanecen centenares de personas frente al cordón policial. Inician disparos de morteros de fabricación casera y unos pocos comienzan a lanzar piedras ante la indignación de algunos de los manifestantes que piden a sus poseedores el cese de la actividad.

En medio de la escena, decenas de vendedores ambulantes comercian con agua, batidos y refrescos. La actividad no cesa para estos humildes trabajadores, ni siquiera entre una muchedumbre en protesta y una policía a punto de estallar.

Otro señor llama mi atención. Porta un cartel que reza: “Daniel, ¿Dónde están tus caudalo$os río$ de leche y miel? En Albani$a y Alba-Caruna”. Entre los marchantes distingo también a un grupo de oficiales retirados, cruzando por delante de una pared recién decorada con una pintada fresca: “Botamos a Somoza, Ortega es cualquier cosa”, reza.

La marcha se desmoviliza y decido volver a visitar el ‘Festival por la paz’ que el FSLN ha organizado en la Plaza del Hilton. A las 12 de la tarde se contaban allí decenas de miles de jóvenes disfrutando de la música, aparentemente ajenos, entre tragos, a la situación que se estaba dando tan sólo unos metros al norte. Las bandas mezclan ‘rolas’ populares nicaragüenses con otras de signo revolucionario y orteguista.

Me paro junto a un grupo que espera el autobús para irse a casa. Están hablando de la “marcha de Eduardo ‘ladrón’ Montealegre”.

-¿Qué decís de la marcha de la oposición?- pregunto

-Con la nuestra les demostramos que el gobierno sandinista tiene gente, y la va a tener siempre- contesta.

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Por tu apellido te conocerán

Cuando el noble sevillano Diego Chamorro de Sotomayor puso rumbo a la Capitanía de Guatemala mediado el siglo XVIII, probablemente no se imaginó que entre su prole se contarían cinco presidentes de Nicaragua, generales, ministros, conservadores, sandinistas y reputados periodistas.

Los Chamorro han sido la familia más influyente en la historia pinolera, un legado que continúa en la actualidad. Sin embargo, este no es un fenómeno endémico de Nicaragua. En el resto de países centroamericanos se han dado similares dinastías de poder, con otros apellidos.

El primer presidente de la República, tras la declinación del antiguo Directorio en 1854, fue Fruto Chamorro Pérez. Él se convirtió en pionero de lo que más tarde pasaría a ser una tradición familiar: ascender a Jefe de Estado. En aquellos años, los Chamorro eran un linaje clave entre la elite oligárquica del país. De ideas conservadoras y tradicionalistas, ejercían una seria influencia en el devenir político y económico nicaragüense.

Fruto Chamorro fue destituido de su cargo al comenzar la guerra entre conservadores y liberales que arrasó Nicaragua. Su hermanastro Fernando fue un general clave en la derrota de los filibusteros comandados por el estadounidense William Walker, llegados al país con intención de quedárselo. Otro hermanastro,Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, fue ungido presidente en 1875: gobernaría el país durante cuatro años, en nombre del Partido Conservador.

Las aspiraciones presidenciales del clan se rompieron cuando, en 1893, se produjo el golpe de Estado del liberal Santos Zelaya, inaugurando una dictadura que perduraría dieciséis años. Tras la invasión norteamericana que acabó con el yugo, tuvieron oportunidad de continuar el mandamiento familiar. Entre 1917 y 1926 se sucedieron tres presidencias de distintos Chamorros en clave conservadora.

Emiliano ChamorroEmiliano Chamorro Vargas se convirtió en Jefe de Estado en 1917, cargo que ocuparía hasta 1921, año en que su tío segundo, Diego Manuel Chamorro Bolaños, alcanzaría el sillón. Este último gobernó hasta su muerte, dos años después, sustituyéndole por un par de semanas otro familiar, Rosendo Chamorro Oreamuno.

A este le sucedió el opositorCarlos José Solórzano, una presidencia que no aceptó Emiliano Chamorro, comenzando acciones de insurgencia y reclamando una presidencia que consiguió durante varios meses antes de ser retirado del puesto por orden norteamericana, siendo sustituido por Adolfo Díaz. Poco tiempo después estallaría la Guerra Constitucionalista entre los conservadores, apoyados por EEUU y los liberales, que dio lugar a las gestas de las tropas del general Sandino.

Pero si importante es la historia política de la familia, no menos es la periodística. En 1932, Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, nieto directo de Chamorro Alfaro, presidente en 1875, se hizo con el control total de la cabecera más importante del país, ‘La Prensa’. Este diario se convirtió, bajo la dirección de su hijo, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en un azote constante contra la dictadura somocista que gobernaba con mano de hierro el país. Él mismo había participado en una insurrección contra el dictador, por la que fue encarcelado y torturado en la capitalina Loma de Tiscapa. Volvería a participar en otra asonada, la ‘Rebelión de Olama y Mollejones’, en 1959. El periodista se casó con Violeta Barrios, que posteriormente también accedería a la presidencia.

Su asesinato, el 9 de enero de 1978, supuso el mayor error de las cuatro décadas de los Somoza en el poder. La muerte de este líder de opinión a manos de comandos enviados por Anastasio II espoleó a una población que no se había decidido a apoyar definitivamente a la guerrilla del FSLN: la Revolución ya no tenía vuelta atrás.

Con Somoza fuera de juego, la familia Chamorro Barrios sufrió unadivisión entre los que apoyaban las políticas del Frente y los que las criticaban. Este cisma desembocó en la escisión de parte de ‘La Prensa’ en  ‘El Nuevo Diario’ por iniciativa de uno de los hermanos de Pedro Joaquín, Javier Chamorro, al no comulgar con la persecución que el rotativo familiar hacía en contra de los sandinistas.

Mientras, otra de las hijas de la pareja Chamorro Barrios, Claudia, que había contraído matrimonio con el sandinista Edmundo Jarquín(actualmente disidente y candidato a la vicepresidencia en alianza con el liberal Fabio Gadea)  se convertía en embajadora en Costa Rica en el primer gobierno de Daniel Ortega. Jarquín fue embajador en España.

En contraste, otro de sus hijos, Pedro Chamorro Barrios , tuvo que exiliarse a Costa Rica por posiciones divergentes con el oficialismo. No sería el único en problemas con los sandinistas: otro Chamorro, Fernando ‘El Negro’, lucharía en la contrarrevolucíon. Moriría en 1994 por consecuencia de una embolia producida dos años antes. Había vuelto al país tras la amnistía de 1988. Por su parte, Pedro se convertiría en Ministro de Defensa durante el gobierno del liberal Arnoldo Alemán.

Violeta Barrios de ChamorroSu madre,  Violeta Barrios de Chamorro, alcanzó el sillón presidencial tras las elecciones de 1990, a las que acudía como candidata de la Unión Nacional Opositora que se impuso en la votación al FSLN de Daniel Ortega. Pese a no tener sangre directa de los Chamorro, Violeta se convirtió en la sexta integrante del clan que llegaba a la jefatura del Estado.

La familia controla actualmente los dos diarios independientes del país, ‘La Prensa’ y ‘El Nuevo Diario’, que abandonó hace años su línea editorial sandinista por una más crítica. El primero lo dirige Jaime Chamorro Cardenal, hermano de Pedro Joaquín y Javier, y el segundo Francisco Chamorro, hijo del último.

Los países del istmo americano han sido proclives a dar con este tipo de dinastías familiares.  Debido a su amplia ascendencia política, el apellido Chamorro en Nicaragua es de aquellos que no se olvidan: han estado presentes en gran parte de los sucesos históricos  que han ocurrido en los casi dos siglos de independencia del país.

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