Periodismo narrativo

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Las manos bajo la mesa

Nicaragua ha visto desfilar a cientos de políticos y altos funcionarios en el último siglo. Dictadores, revolucionarios, liberales, conservadores… distintos gobiernos para diferentes épocas pero la mayoría unidos bajo un denominador común: el expolio de las arcas del Estado.

En el Siglo XXI todo se puede medir y comparar. Por supuesto, la corrupción no iba a ser una excepción. Transparencia Internacional lleva años evaluando el impacto de la corruptela en administraciones de todo el mundo. Su último informe, referente a datos del pasado 2010, sitúa a Nicaragua en el puesto 127 de 178 países en el Índice de Percepción de Corrupción.

No es el único dato que arroja. En otro estudio, esta vez centrado en lapercepción de corrupción en el mundo, medido en una escala del 0 al 10 en la cual el 0 es la corrupción total y el 10 la ausencia de ella, Nicaragua apenas alcanza una puntuación de 2.5.

Datos, desde luego, preocupantes para el desarrollo del segundo país más pobre de América Latina, tan sólo por delante de Haití. El poco ‘real’ disponible en caja vuela para servir a intereses personales o partidarios. La situación es todavía más preocupante si se tiene en cuenta que la corrupción no entiende de signo político.

Repasemos las actuales denuncias de corruptela publicadas por los medios de comunicación independientes. Por un lado, existe un supuesto desfalco en la Dirección General de Ingresos (DGI) instigado por Walter Porras, director de la institución hasta hace dos semanas, cuando fue misteriosamente sustituido. Porras es una de las personas de confianza del presidente Daniel Ortega.

El agujero en la DGI puede ser millonario, pero hasta ahora el ex director no ha sido investigado. Sí sus subordinados. Por cierto que gran parte del dinero filtrado se destinó supuestamente a organizar actos partidistas. Incluso se habría llegado a formar una banda de música, ‘Los Tigres del Ritmo’, para reproducir ‘rolas’ sandinistas, en la que habría participado el mismo Porras, .

Otra supuesta corruptela, esta vez en el Consejo Supremo Electoral, fue denunciada por un periodista de ‘El Nuevo Diario’ hace unos meses. Por cierto, recibió una amenaza de muerte por su investigación.

A ello se añade un caso de robo en la Alcaldía de Managua, desde donde salieron 157 cheques valorados en millones de córdobas. Por ahora tan sólo hay dos sentenciados a prisión, funcionarios menores del Ayuntamiento. Ellos denuncian que el dinero se destinaba a pagar a los ‘rotondistas’ que hacen propaganda al FSLN. Los cheques fueron liberados por Fidel Moreno, secretario general de la comuna, que aduce desconocimiento y ha denunciado a los concejales liberales que le acusan de ser el instigador de la trama.

El 27 de abril se convocó una rueda de prensa en la sede de la comuna. Una fiscal del Ministerio Público compareció junto a Moreno, asegurando que no había pruebas para su inculpación; Sí, una fiscal compareciendo junto al acusado en el lugar de trabajo del mismo.

Muchas de estas tramas pueden sorprender, pero otras superan la ciencia ficción. Es el caso de la trama de ‘Emprecosa’ que sacó a la luz ‘La Prensa’. Esta compañía vendió a la Empresa Administradora de Aeropuertos Internacionales material valorado en más de un millón de dólares.

Lo curioso es que fue supuestamente constituida usurpando la identidad de personas humildes residentes a 400 kilómetros de distancia una de otra. Todavía no se sabe nada de la mercancía. Por no mencionar el consabido tema del manejo discreccional de la cooperación venezolana por parte de Daniel Ortega.

El drama ha sido constante en lo últimos ochenta años de historia pinolera. Mención aparte, por supuesto, merece el patrimonio de los Somoza, construido a partir de su influencia en todas las instituciones del Estado. Se atribuye a Anastasio S. García, el patriarca, primero de la familia en el poder, una frase lapidaria que sentencia su control sobre la economía pinolera: “Que yo sepa sólo tengo una finca y se llama Nicaragua”, habría dicho el dictador. Se calcula que la fortuna familiar podría haber superado los 5.000 millones de dólares repartidos en cuentas en paraísos fiscales. Suyas eran las principales empresas del país.

Cincuenta mil personas dieron su vida para acabar con esa dinastía en una lucha revolucionaria armada, pero la guerra no pudo borrar la corrupción. Otro gran caso histórico es el conocido en Nicaragua como‘La Piñata’, protagonizado por las élites gobernantes del Frente Sandinista justo antes de entregar el poder tras la victoria de Violeta Chamorro en las elecciones de 1990.

Centenares de terrenos y posesiones estatales, la mayoría expropiados tras la dictadura, pasaron supuestamente a formar parte de los patrimonios de los dirigentes del partido días antes de la toma de posesión de la nueva presidenta. Un periodista del diario local ‘La Prensa’ ha sido galardonado recientemente por una investigación sobre el patrimonio del Comandante de la Revolución Tomás Borge, una de las figuras prominentes del FSLN, cuyos movimientos financieros son algo más que discutidos.

Tras la ‘Piñata’ y Violeta Chamorro, quien tampoco se libra de acusaciones, apareció en escenaArnoldo Alemán, el hombre de los 20 millones de dólares. Es la cantidad de las arcas del Estado que se habría embolsado el ex presidente. Fue denunciado ante tribunales nacionales e internacionales, e incluso llegó a ser condenado a prisión, pero no cumplió la pena.

Recibió un peculiar “permiso de convivencia familiar” que le permitió circular libremente por la capital, Managua. La Corte Suprema de Justicia anuló sus cargos en 2009, en un movimiento que sus detractores ligan al interés de Daniel Ortega, quien según ellos controla a los magistrados, por repartirse cuotas de poder con Alemán.

Recientemente tuve una conversación sobre este tema con la diputada del Rescate del Sandinismo Mónica Baltodano. Me señaló precisamente que el mayor drama de la corrupción en Nicaragua es que “no existe un solo corrupto que haya estado un día en la cárcel”. Recientemente, es cierto, sólo se condena al mensajero.

Otra apreciación interesante, acerca de la institucionalidad democrática: “Si tienes, como ocurre en Nicaragua, una Contraloría General de la República totalmente partidarizada, no tienes como sociedad mecanismos para impedir que se produzcan actos de corrupción”.

Es imposible relatar más episodios de expolio al erario en un espacio tan breve como el que ha de ser un blog informativo. La corrupción gana relevancia por la cercanía de las elecciones. Según diversas encuestas, existe un gran número de indecisos, además de preverse gran abstención. Muchos no acudirán a las urnas ante un obvio dilema moral: no creen poder votar a quien no robe, por incomparecencia, sino a quien menos robe.

Publicado en Elmundo.es

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Por tu apellido te conocerán

Cuando el noble sevillano Diego Chamorro de Sotomayor puso rumbo a la Capitanía de Guatemala mediado el siglo XVIII, probablemente no se imaginó que entre su prole se contarían cinco presidentes de Nicaragua, generales, ministros, conservadores, sandinistas y reputados periodistas.

Los Chamorro han sido la familia más influyente en la historia pinolera, un legado que continúa en la actualidad. Sin embargo, este no es un fenómeno endémico de Nicaragua. En el resto de países centroamericanos se han dado similares dinastías de poder, con otros apellidos.

El primer presidente de la República, tras la declinación del antiguo Directorio en 1854, fue Fruto Chamorro Pérez. Él se convirtió en pionero de lo que más tarde pasaría a ser una tradición familiar: ascender a Jefe de Estado. En aquellos años, los Chamorro eran un linaje clave entre la elite oligárquica del país. De ideas conservadoras y tradicionalistas, ejercían una seria influencia en el devenir político y económico nicaragüense.

Fruto Chamorro fue destituido de su cargo al comenzar la guerra entre conservadores y liberales que arrasó Nicaragua. Su hermanastro Fernando fue un general clave en la derrota de los filibusteros comandados por el estadounidense William Walker, llegados al país con intención de quedárselo. Otro hermanastro,Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, fue ungido presidente en 1875: gobernaría el país durante cuatro años, en nombre del Partido Conservador.

Las aspiraciones presidenciales del clan se rompieron cuando, en 1893, se produjo el golpe de Estado del liberal Santos Zelaya, inaugurando una dictadura que perduraría dieciséis años. Tras la invasión norteamericana que acabó con el yugo, tuvieron oportunidad de continuar el mandamiento familiar. Entre 1917 y 1926 se sucedieron tres presidencias de distintos Chamorros en clave conservadora.

Emiliano ChamorroEmiliano Chamorro Vargas se convirtió en Jefe de Estado en 1917, cargo que ocuparía hasta 1921, año en que su tío segundo, Diego Manuel Chamorro Bolaños, alcanzaría el sillón. Este último gobernó hasta su muerte, dos años después, sustituyéndole por un par de semanas otro familiar, Rosendo Chamorro Oreamuno.

A este le sucedió el opositorCarlos José Solórzano, una presidencia que no aceptó Emiliano Chamorro, comenzando acciones de insurgencia y reclamando una presidencia que consiguió durante varios meses antes de ser retirado del puesto por orden norteamericana, siendo sustituido por Adolfo Díaz. Poco tiempo después estallaría la Guerra Constitucionalista entre los conservadores, apoyados por EEUU y los liberales, que dio lugar a las gestas de las tropas del general Sandino.

Pero si importante es la historia política de la familia, no menos es la periodística. En 1932, Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, nieto directo de Chamorro Alfaro, presidente en 1875, se hizo con el control total de la cabecera más importante del país, ‘La Prensa’. Este diario se convirtió, bajo la dirección de su hijo, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en un azote constante contra la dictadura somocista que gobernaba con mano de hierro el país. Él mismo había participado en una insurrección contra el dictador, por la que fue encarcelado y torturado en la capitalina Loma de Tiscapa. Volvería a participar en otra asonada, la ‘Rebelión de Olama y Mollejones’, en 1959. El periodista se casó con Violeta Barrios, que posteriormente también accedería a la presidencia.

Su asesinato, el 9 de enero de 1978, supuso el mayor error de las cuatro décadas de los Somoza en el poder. La muerte de este líder de opinión a manos de comandos enviados por Anastasio II espoleó a una población que no se había decidido a apoyar definitivamente a la guerrilla del FSLN: la Revolución ya no tenía vuelta atrás.

Con Somoza fuera de juego, la familia Chamorro Barrios sufrió unadivisión entre los que apoyaban las políticas del Frente y los que las criticaban. Este cisma desembocó en la escisión de parte de ‘La Prensa’ en  ‘El Nuevo Diario’ por iniciativa de uno de los hermanos de Pedro Joaquín, Javier Chamorro, al no comulgar con la persecución que el rotativo familiar hacía en contra de los sandinistas.

Mientras, otra de las hijas de la pareja Chamorro Barrios, Claudia, que había contraído matrimonio con el sandinista Edmundo Jarquín(actualmente disidente y candidato a la vicepresidencia en alianza con el liberal Fabio Gadea)  se convertía en embajadora en Costa Rica en el primer gobierno de Daniel Ortega. Jarquín fue embajador en España.

En contraste, otro de sus hijos, Pedro Chamorro Barrios , tuvo que exiliarse a Costa Rica por posiciones divergentes con el oficialismo. No sería el único en problemas con los sandinistas: otro Chamorro, Fernando ‘El Negro’, lucharía en la contrarrevolucíon. Moriría en 1994 por consecuencia de una embolia producida dos años antes. Había vuelto al país tras la amnistía de 1988. Por su parte, Pedro se convertiría en Ministro de Defensa durante el gobierno del liberal Arnoldo Alemán.

Violeta Barrios de ChamorroSu madre,  Violeta Barrios de Chamorro, alcanzó el sillón presidencial tras las elecciones de 1990, a las que acudía como candidata de la Unión Nacional Opositora que se impuso en la votación al FSLN de Daniel Ortega. Pese a no tener sangre directa de los Chamorro, Violeta se convirtió en la sexta integrante del clan que llegaba a la jefatura del Estado.

La familia controla actualmente los dos diarios independientes del país, ‘La Prensa’ y ‘El Nuevo Diario’, que abandonó hace años su línea editorial sandinista por una más crítica. El primero lo dirige Jaime Chamorro Cardenal, hermano de Pedro Joaquín y Javier, y el segundo Francisco Chamorro, hijo del último.

Los países del istmo americano han sido proclives a dar con este tipo de dinastías familiares.  Debido a su amplia ascendencia política, el apellido Chamorro en Nicaragua es de aquellos que no se olvidan: han estado presentes en gran parte de los sucesos históricos  que han ocurrido en los casi dos siglos de independencia del país.

Publicado en Elmundo.es