Periodismo narrativo

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Aguas turbulentas corren en los confines

“Las fonteras son una tontería, las ha inventado el hombre para romper la naturaleza” me dijo el señor Johnson en su español criollo mirándome fíjamente a los ojos. En su pequeña casa azul se preparaban para pasar una tranquila noche caribeña cuando llegué a deshoras preguntando qué había de cena. Estaba en San Juan del Norte, Nicaragua, pero en su televisión,  como en el resto de las del pueblo, se emitía el noticiero de Costa Rica. La explicación a tan extraño suceso es sencilla: San Juan del Norte se encuentra a pocos kilómetros del pueblo costarricense más cercano y a centenares del nicaragüense más próximo.

Situado en la desembocadura del Río San Juan en el Caribe, en plena Reserva Natural Indio Maíz, a tan singular lugar sólo se puede llegar en las pequeñas embarcaciones a motor, llamadas pangas, que zarpan dos veces a la semana desde San Carlos, al inicio del Río, en un trayecto de 14 horas, o en otra larga travesía a través del mar.

Hasta no hace mucho, las relaciones diplomáticas con Costa Rica estaban tan normalizadas que el señor Johnson y su familia iban al médico e incluso al mercado al otro lado del Río. Sus hijos acudían a la escuela local. Con el comienzo de las hostilidades entre Nicaragua y el país vecino, la situación cambió: ya no habría más relación con el otro lado, salvo en ocasiones de urgencia. El viejo criollo, más negro que el tizón, de mirada y hablar animosos a pesar de su edad, lamentaba que sus hijos no vayan a tener las mismas oportunidades:

Yo sólo quiero que mis hijos vivan en paz y no estén separados por fronteras -comenzó a relatar cuando la complicidad le arrebató la timidez- Tengo familia en Costa Rica, un hijo estudiando allí, y ahora no puedo ir a verle cuando desee a pesar de tener la doble nacionalidad porque el transporte es más complicado.

En San Juan del Norte casi todo el mundo tiene la doble nacionalidad. Es más, la mayoría de familias decidieron tener sus hijos en la otra orilla, donde, además de mejores condiciones sanitarias existe el derecho de reclamar un pasaporte costarricense, muy preciado entre los ‘nicas’ por tratarse de un país con mayor poder económico. Ahora, las relaciones están rotas.

En la pequeña San Juan del Norte, donde el salitre y la humedad del cercano caribe penetran hasta las entrañas de los hombres y los mosquitos atacan en hordas incontrolables a quien se aventure a transitar las zonas menos concurridas, han construido una escuela para que los niños tengan donde estudiar porque ya no pueden cruzar el río. También un centro de salud propio.

Lo cierto es que, navegando por el Río San Juan, es difícil no compartir sensaciones con el señor Johnson. En este caso, la frontera entre Nicaragua y Costa Rica ha roto la armonía natural de la naturaleza y ha sido la causante de decenas de diferendos entre ambos países.

La última polémica surgida en octubre de 2010 se encuentra en su punto álgido: Costa Rica está finalizando la construcción de una carretera en la linde sur del Río provocando las protestas nicaragüenses por vertido de sedimentos en el cauce, perteneciente a su jurisdicción, así como la linde norte. El gobierno de Daniel Ortega ha reaccionado anunciando el retorno de los centenarios planes para construir un canal interoceánico usando el San Juan, respondido con iras desde el otro lado.

Sea como sea, en el pueblo del viejo cementerio inglés y la solitaria playa caribeña esperan ansiosos la finalización del diferendo. También el señor Johnson:

-“Mucho hablan y al final es siempre lo mismo” – me dijo el señor Johnson alzando la mirada.

El sonido del papel de aluminio decía que mi cena estaba casi lista: un sandwich de jamón york con algo de ensalada. Podía pagar, como no, con colones costarricenses o córdobas nicaragüenses. Al final fueron córdobas: 40, poco más de un euro en España, pero suficiente para tener un plato con arroz, frijoles y pollo en otras ciudades de Nicaragua. La escasez de suministros hace que cualquier cosa que no sea pescado  sea mucho más cara en San Juan del Norte que en el resto del país.


Las manos bajo la mesa

Nicaragua ha visto desfilar a cientos de políticos y altos funcionarios en el último siglo. Dictadores, revolucionarios, liberales, conservadores… distintos gobiernos para diferentes épocas pero la mayoría unidos bajo un denominador común: el expolio de las arcas del Estado.

En el Siglo XXI todo se puede medir y comparar. Por supuesto, la corrupción no iba a ser una excepción. Transparencia Internacional lleva años evaluando el impacto de la corruptela en administraciones de todo el mundo. Su último informe, referente a datos del pasado 2010, sitúa a Nicaragua en el puesto 127 de 178 países en el Índice de Percepción de Corrupción.

No es el único dato que arroja. En otro estudio, esta vez centrado en lapercepción de corrupción en el mundo, medido en una escala del 0 al 10 en la cual el 0 es la corrupción total y el 10 la ausencia de ella, Nicaragua apenas alcanza una puntuación de 2.5.

Datos, desde luego, preocupantes para el desarrollo del segundo país más pobre de América Latina, tan sólo por delante de Haití. El poco ‘real’ disponible en caja vuela para servir a intereses personales o partidarios. La situación es todavía más preocupante si se tiene en cuenta que la corrupción no entiende de signo político.

Repasemos las actuales denuncias de corruptela publicadas por los medios de comunicación independientes. Por un lado, existe un supuesto desfalco en la Dirección General de Ingresos (DGI) instigado por Walter Porras, director de la institución hasta hace dos semanas, cuando fue misteriosamente sustituido. Porras es una de las personas de confianza del presidente Daniel Ortega.

El agujero en la DGI puede ser millonario, pero hasta ahora el ex director no ha sido investigado. Sí sus subordinados. Por cierto que gran parte del dinero filtrado se destinó supuestamente a organizar actos partidistas. Incluso se habría llegado a formar una banda de música, ‘Los Tigres del Ritmo’, para reproducir ‘rolas’ sandinistas, en la que habría participado el mismo Porras, .

Otra supuesta corruptela, esta vez en el Consejo Supremo Electoral, fue denunciada por un periodista de ‘El Nuevo Diario’ hace unos meses. Por cierto, recibió una amenaza de muerte por su investigación.

A ello se añade un caso de robo en la Alcaldía de Managua, desde donde salieron 157 cheques valorados en millones de córdobas. Por ahora tan sólo hay dos sentenciados a prisión, funcionarios menores del Ayuntamiento. Ellos denuncian que el dinero se destinaba a pagar a los ‘rotondistas’ que hacen propaganda al FSLN. Los cheques fueron liberados por Fidel Moreno, secretario general de la comuna, que aduce desconocimiento y ha denunciado a los concejales liberales que le acusan de ser el instigador de la trama.

El 27 de abril se convocó una rueda de prensa en la sede de la comuna. Una fiscal del Ministerio Público compareció junto a Moreno, asegurando que no había pruebas para su inculpación; Sí, una fiscal compareciendo junto al acusado en el lugar de trabajo del mismo.

Muchas de estas tramas pueden sorprender, pero otras superan la ciencia ficción. Es el caso de la trama de ‘Emprecosa’ que sacó a la luz ‘La Prensa’. Esta compañía vendió a la Empresa Administradora de Aeropuertos Internacionales material valorado en más de un millón de dólares.

Lo curioso es que fue supuestamente constituida usurpando la identidad de personas humildes residentes a 400 kilómetros de distancia una de otra. Todavía no se sabe nada de la mercancía. Por no mencionar el consabido tema del manejo discreccional de la cooperación venezolana por parte de Daniel Ortega.

El drama ha sido constante en lo últimos ochenta años de historia pinolera. Mención aparte, por supuesto, merece el patrimonio de los Somoza, construido a partir de su influencia en todas las instituciones del Estado. Se atribuye a Anastasio S. García, el patriarca, primero de la familia en el poder, una frase lapidaria que sentencia su control sobre la economía pinolera: “Que yo sepa sólo tengo una finca y se llama Nicaragua”, habría dicho el dictador. Se calcula que la fortuna familiar podría haber superado los 5.000 millones de dólares repartidos en cuentas en paraísos fiscales. Suyas eran las principales empresas del país.

Cincuenta mil personas dieron su vida para acabar con esa dinastía en una lucha revolucionaria armada, pero la guerra no pudo borrar la corrupción. Otro gran caso histórico es el conocido en Nicaragua como‘La Piñata’, protagonizado por las élites gobernantes del Frente Sandinista justo antes de entregar el poder tras la victoria de Violeta Chamorro en las elecciones de 1990.

Centenares de terrenos y posesiones estatales, la mayoría expropiados tras la dictadura, pasaron supuestamente a formar parte de los patrimonios de los dirigentes del partido días antes de la toma de posesión de la nueva presidenta. Un periodista del diario local ‘La Prensa’ ha sido galardonado recientemente por una investigación sobre el patrimonio del Comandante de la Revolución Tomás Borge, una de las figuras prominentes del FSLN, cuyos movimientos financieros son algo más que discutidos.

Tras la ‘Piñata’ y Violeta Chamorro, quien tampoco se libra de acusaciones, apareció en escenaArnoldo Alemán, el hombre de los 20 millones de dólares. Es la cantidad de las arcas del Estado que se habría embolsado el ex presidente. Fue denunciado ante tribunales nacionales e internacionales, e incluso llegó a ser condenado a prisión, pero no cumplió la pena.

Recibió un peculiar “permiso de convivencia familiar” que le permitió circular libremente por la capital, Managua. La Corte Suprema de Justicia anuló sus cargos en 2009, en un movimiento que sus detractores ligan al interés de Daniel Ortega, quien según ellos controla a los magistrados, por repartirse cuotas de poder con Alemán.

Recientemente tuve una conversación sobre este tema con la diputada del Rescate del Sandinismo Mónica Baltodano. Me señaló precisamente que el mayor drama de la corrupción en Nicaragua es que “no existe un solo corrupto que haya estado un día en la cárcel”. Recientemente, es cierto, sólo se condena al mensajero.

Otra apreciación interesante, acerca de la institucionalidad democrática: “Si tienes, como ocurre en Nicaragua, una Contraloría General de la República totalmente partidarizada, no tienes como sociedad mecanismos para impedir que se produzcan actos de corrupción”.

Es imposible relatar más episodios de expolio al erario en un espacio tan breve como el que ha de ser un blog informativo. La corrupción gana relevancia por la cercanía de las elecciones. Según diversas encuestas, existe un gran número de indecisos, además de preverse gran abstención. Muchos no acudirán a las urnas ante un obvio dilema moral: no creen poder votar a quien no robe, por incomparecencia, sino a quien menos robe.

Publicado en Elmundo.es