Periodismo narrativo

Archivo para enero, 2012

Los otros rostros del embargo

A Hamir, Hassán y Ahmad, por utilizar tres de los nombre iraníes más corrientes, seguramente les interesará poco el programa nuclear de su país. Quizá ni siquiera apoyen a Mahmud Ahmadineyad, su presidente. Lo seguro es que, tanto si viven en el campo como en la ciudad, habrán visto como su nivel de vida ha descendido drásticamente en los últimos meses. Los telediarios y la prensa  de medio mundo se han centrado en diseccionar las recientes sanciones económicas contra Irán olvidándose de las miles de personas abocadas a sufrir el desabastecimiento y el hambre que seguramente ya estén tocando a sus puertas.

Probablemente en este momento haya miles de familias preguntándose qué van a comer mañana por culpa de los diversos embargos unas potencias occidentales acostumbradas a mirar hacia otro lado. Su culpa: vivir en un país donde muy posiblemente se esté desarrollando la bomba atómica. ¿De qué servirá su sufrimiento? ¿Propiciará que Ahmadineyad desista? Los precedentes -con el caso cubano o el palestino como elocuentes ejemplos- deberían habernos demostrado que es un chantaje tan recurrido como poco eficaz. El único sufridor, en cualquier caso, es el pueblo.

Por el contrario, sí servirá para exacerbar el odio hacia occidente, una rabia esta vez sustentada en un hecho muy real y doloroso: por su culpa no tienen un plato para comer, nuestras sanciones son su miseria. A las familias iraníes les han embargado su alimento y sus ahorros por un conflicto que no es suyo, sino de las élites. Siendo como es el hambre, la ira se volverá contra quienes la han propiciado; contra el extranjero, antes que contra el patrio, por un corriente razonamiento nacionalista.

Además, parece difícil que un embargo haga cambiar los planes nucleares iraníes. Por el contrario, empieza a tomar fuerza un posible conflicto en el estrecho de Ormuz: si los persas cierran el paso, habrá conflicto. No puede ser de otra forma. Si se bloquea el lugar por donde pasa el 35% del petróleo del mundo, el preciado maná global, el extremo de las armas será difícilmente evitable. A esa situación se habrá llegado por una falta de entendimiento evidente entre las dos partes. Quizá ninguna de las dos  haya realizado un esfuerzo real por entenderse. Habría que preguntarse también quien tiene el derecho y la razón. A Hamir Hassán y Ahmad poco les debe importar que Irán esté desarollando la bomba atómica: ellos ya están sufriendo la de la miseria.

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