Periodismo narrativo

¿Asamblea de ‘losers’?

“Ente inoperante y costoso”. Al Parlamento Centroamericano (Parlacen) no le han dedicado palabras más dulces en los últimos años. “Cueva de inmunidades” lo denomina el presidente panameño, Ricardo Martinelli, el líder más crítico con su existencia, decidido a desvincular a su país del organismo regional. “Un lugar únicamente para una gran cantidad de gente ‘loser’, de perdedores que se quedan a parrandear y a beber con inmunidad”, lo califica.

No es una opinión aislada, sino cada vez más compartida por políticos y ciudadanos centroamericanos. El Parlacen fue creado en 1991 como medio para agilizar, fiscalizar y asegurar el éxito del Sica, como se conoce al Sistema de Integración Centroamericano. Casi 20 años después parece claro que el objetivo principal no se ha cumplido. La Unión Centroamericana no se ve más que como una utopía difícilmente realizable.

La creación de la cámara no pudo evaporar las fricciones entre sus miembros. Se han sucedido varios diferendos bilaterales que han terminado por minar sus ya de por sí frágiles estructuras internacionales. 2009 fue testigo de una dolorosa división debido al Golpe de Estado en Honduras. Nicaragua no reconoce aún a Porfirio Lobo como líder, aunque las posiciones se encuentran cada vez más cercanas gracias a la anulación de los juicios contra el ex presidente Zelaya.

La soberanía del Río San Juan es otro motivo de disputa. Costa Rica no pertenece al Parlacen, pero sus tensas relaciones con Nicaragua influyen de manera decisiva en la inestabilidad del territorio y, por ende, al fracaso del Sica. La última reunión bilateral entre ambos países se dio en Peñas Blancas, frontera común. Las mesas estaban dispuestas para que cada delegación se sentase en su territorio. Centroamérica se reflejaba así en la lejana Corea, pero esta vez los comensales hablaban español.

Por si las dificultades en la integración regional fuesen poco, la cámara se ha convertido en el paraíso de aquellos que gustan apropiarse de lo público para satisfacer sus insaciables apetitos de riqueza y poder. Hasta tres ex presidentes acusados de corrupción se han amparado en la inmunidad que garantiza la institución para evitar ser juzgados en sus países.

El nicaragüense Arnoldo Alemán, el guatemalteco Alfonso Portillo y la panameña Mireya Moscosa intentaron atenerse al derecho de antejuicio del Parlacén para evitar verse con los de toga y martillo. Los ex líderes de los países firmantes son miembros parlamentarios de todo derecho.

Lo cierto es que la mayoría de centroamericanos no sabe para qué sirve la cámara. Los diputados, 20 de cada país, se reúnen y cobran su salario, pero los frutos no son palpables. Quizá se trate de un problema de comunicación: su presencia mediática es nula. Sin embargo, en un itsmo tan ávido de buenas noticias, parece complicado.

Si el Parlacen es desconocido por los ciudadanos, para muchos políticos se trata de un retiro forzoso, una institución de segunda fila, “el lugar donde van las lacras de los partidos políticos”, según Martinelli. Existe un creciente rechazo a fungir como parlamentario centroamericano. Augusto Navarro, político nicaragüense, es uno de tantos que han renegado de una silla en esa institución: “no tengo ni el más mínimo deseo de estar en el Parlacen, porque a mí me da la impresión que es un desperdicio de recursos y no quisiera ser parte de ese desperdicio”, decía hace unas semanas.

Incluso pasa desapercibido para las instituciones internacionales. El presidente de la cámara, Dorindo Cortez, panameño, por cierto, no fue invitado al último congreso de la Unión Interparlamentaria, auspiciada por Naciones Unidas y celebrada en su país. Cuando arribó al edificio, la policía le sacó por la fuerza.

¿Cómo se podría transformar el Parlacen? Algunos abogan por la reducción del número de parlamentarios y la fiscalización de su ejecución presupuestaria para aumentar su productividad y, lo que no es menos importante, su credibilidad, pero otros abogan directamente por su disolución.

Tal es el caso del beligerante Martinelli. El líder sureño no ha dudado en utilizar todos los mecanismos legales a su alcance para desatar los lazos entre su país y el Parlacén. Una disposición de la Corte Centroamericana de Justicia declaró inaplicable la ley que desvinculaba a Panamá del organismo. La reacción del país canalero fue rechazar la jurisdicción de esta corte. Nunca había ratificado sus estatutos.

Martinelli ha encontrado apoyos entre votantes y detractores, así como entre una parte de centroamericanos que continuan considerando al Parlamento Centroamericano como una institución oscura e inoperante pero, eso sí, muy beneficiosa para los bolsillos de sus miembros.

Publicado en Elmundo.es

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