Periodismo narrativo

Archivo para abril, 2011

Las manos bajo la mesa

Nicaragua ha visto desfilar a cientos de políticos y altos funcionarios en el último siglo. Dictadores, revolucionarios, liberales, conservadores… distintos gobiernos para diferentes épocas pero la mayoría unidos bajo un denominador común: el expolio de las arcas del Estado.

En el Siglo XXI todo se puede medir y comparar. Por supuesto, la corrupción no iba a ser una excepción. Transparencia Internacional lleva años evaluando el impacto de la corruptela en administraciones de todo el mundo. Su último informe, referente a datos del pasado 2010, sitúa a Nicaragua en el puesto 127 de 178 países en el Índice de Percepción de Corrupción.

No es el único dato que arroja. En otro estudio, esta vez centrado en lapercepción de corrupción en el mundo, medido en una escala del 0 al 10 en la cual el 0 es la corrupción total y el 10 la ausencia de ella, Nicaragua apenas alcanza una puntuación de 2.5.

Datos, desde luego, preocupantes para el desarrollo del segundo país más pobre de América Latina, tan sólo por delante de Haití. El poco ‘real’ disponible en caja vuela para servir a intereses personales o partidarios. La situación es todavía más preocupante si se tiene en cuenta que la corrupción no entiende de signo político.

Repasemos las actuales denuncias de corruptela publicadas por los medios de comunicación independientes. Por un lado, existe un supuesto desfalco en la Dirección General de Ingresos (DGI) instigado por Walter Porras, director de la institución hasta hace dos semanas, cuando fue misteriosamente sustituido. Porras es una de las personas de confianza del presidente Daniel Ortega.

El agujero en la DGI puede ser millonario, pero hasta ahora el ex director no ha sido investigado. Sí sus subordinados. Por cierto que gran parte del dinero filtrado se destinó supuestamente a organizar actos partidistas. Incluso se habría llegado a formar una banda de música, ‘Los Tigres del Ritmo’, para reproducir ‘rolas’ sandinistas, en la que habría participado el mismo Porras, .

Otra supuesta corruptela, esta vez en el Consejo Supremo Electoral, fue denunciada por un periodista de ‘El Nuevo Diario’ hace unos meses. Por cierto, recibió una amenaza de muerte por su investigación.

A ello se añade un caso de robo en la Alcaldía de Managua, desde donde salieron 157 cheques valorados en millones de córdobas. Por ahora tan sólo hay dos sentenciados a prisión, funcionarios menores del Ayuntamiento. Ellos denuncian que el dinero se destinaba a pagar a los ‘rotondistas’ que hacen propaganda al FSLN. Los cheques fueron liberados por Fidel Moreno, secretario general de la comuna, que aduce desconocimiento y ha denunciado a los concejales liberales que le acusan de ser el instigador de la trama.

El 27 de abril se convocó una rueda de prensa en la sede de la comuna. Una fiscal del Ministerio Público compareció junto a Moreno, asegurando que no había pruebas para su inculpación; Sí, una fiscal compareciendo junto al acusado en el lugar de trabajo del mismo.

Muchas de estas tramas pueden sorprender, pero otras superan la ciencia ficción. Es el caso de la trama de ‘Emprecosa’ que sacó a la luz ‘La Prensa’. Esta compañía vendió a la Empresa Administradora de Aeropuertos Internacionales material valorado en más de un millón de dólares.

Lo curioso es que fue supuestamente constituida usurpando la identidad de personas humildes residentes a 400 kilómetros de distancia una de otra. Todavía no se sabe nada de la mercancía. Por no mencionar el consabido tema del manejo discreccional de la cooperación venezolana por parte de Daniel Ortega.

El drama ha sido constante en lo últimos ochenta años de historia pinolera. Mención aparte, por supuesto, merece el patrimonio de los Somoza, construido a partir de su influencia en todas las instituciones del Estado. Se atribuye a Anastasio S. García, el patriarca, primero de la familia en el poder, una frase lapidaria que sentencia su control sobre la economía pinolera: “Que yo sepa sólo tengo una finca y se llama Nicaragua”, habría dicho el dictador. Se calcula que la fortuna familiar podría haber superado los 5.000 millones de dólares repartidos en cuentas en paraísos fiscales. Suyas eran las principales empresas del país.

Cincuenta mil personas dieron su vida para acabar con esa dinastía en una lucha revolucionaria armada, pero la guerra no pudo borrar la corrupción. Otro gran caso histórico es el conocido en Nicaragua como‘La Piñata’, protagonizado por las élites gobernantes del Frente Sandinista justo antes de entregar el poder tras la victoria de Violeta Chamorro en las elecciones de 1990.

Centenares de terrenos y posesiones estatales, la mayoría expropiados tras la dictadura, pasaron supuestamente a formar parte de los patrimonios de los dirigentes del partido días antes de la toma de posesión de la nueva presidenta. Un periodista del diario local ‘La Prensa’ ha sido galardonado recientemente por una investigación sobre el patrimonio del Comandante de la Revolución Tomás Borge, una de las figuras prominentes del FSLN, cuyos movimientos financieros son algo más que discutidos.

Tras la ‘Piñata’ y Violeta Chamorro, quien tampoco se libra de acusaciones, apareció en escenaArnoldo Alemán, el hombre de los 20 millones de dólares. Es la cantidad de las arcas del Estado que se habría embolsado el ex presidente. Fue denunciado ante tribunales nacionales e internacionales, e incluso llegó a ser condenado a prisión, pero no cumplió la pena.

Recibió un peculiar “permiso de convivencia familiar” que le permitió circular libremente por la capital, Managua. La Corte Suprema de Justicia anuló sus cargos en 2009, en un movimiento que sus detractores ligan al interés de Daniel Ortega, quien según ellos controla a los magistrados, por repartirse cuotas de poder con Alemán.

Recientemente tuve una conversación sobre este tema con la diputada del Rescate del Sandinismo Mónica Baltodano. Me señaló precisamente que el mayor drama de la corrupción en Nicaragua es que “no existe un solo corrupto que haya estado un día en la cárcel”. Recientemente, es cierto, sólo se condena al mensajero.

Otra apreciación interesante, acerca de la institucionalidad democrática: “Si tienes, como ocurre en Nicaragua, una Contraloría General de la República totalmente partidarizada, no tienes como sociedad mecanismos para impedir que se produzcan actos de corrupción”.

Es imposible relatar más episodios de expolio al erario en un espacio tan breve como el que ha de ser un blog informativo. La corrupción gana relevancia por la cercanía de las elecciones. Según diversas encuestas, existe un gran número de indecisos, además de preverse gran abstención. Muchos no acudirán a las urnas ante un obvio dilema moral: no creen poder votar a quien no robe, por incomparecencia, sino a quien menos robe.

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El Clásico desata pasiones en Nicaragua

Cientos de personas se agolpan sudorosas tras la barandilla de bares y cantinas en una conocida zona recreativa de Managua. Es sábado y la ciudad está paralizada. El día es caluroso, de esos en los que arde la piel: un sol de justicia se empeña en demostrar su poder en el mediodía del trópico. La mayoría de locales llevan varias horas cerrados al público porque dentro no cabe un alfiler. El aforo está completo, pero desde el exterior es posible alcanzar a ver la televisión, venerada como un ídolo en el centro de la sala.

Las cabezas se mueven intentando captar una mejor perspectiva de la imagen. Un arrimón aquí, un pasito allá… la muchedumbre se organiza como las piezas de un puzle. Dentro del local corren la cerveza y el ron. Los amigos a la mesa, el ambiente es festivo. Hoy juegan los dos mejores equipos de fútbol del mundo: el Barcelona y el Real Madrid.

El Clásico se vive con extraordinaria expectación a 8.500 kilómetros de distancia de España. Dicen los treintañeros que es un fenómeno nuevo: el fútbol no despertaba pasiones en Nicaragua hace apenas diez años. Resulta difícil creerlo. Hoy en día copa la información deportiva en las cadenas de televisión pinoleras, propicia las grandes tertulias cerveceras y ha descargado todo su arsenal publicitario en las calles.

La dicotomía es total: el nicaragüense es del Madrid o del Barcelona, del Barcelona o del Madrid. Son escasos los neutrales o seguidores de otros equipos. Al haber coincidido el auge de popularidad del fútbol con la época dorada del conjunto de Pep Guardiola, hay mayoría de culés.

Miles de pegatinas de uno u otro escudo decoran los coches de los pinoleros. Las comercializan vendedores callejeros, pulperías, semaforistas y cientos de puestecitos en mercados como el Oriental. Allí también pueden encontrarse réplicas de las camisetas, que en muchas ocasiones no pasan de los 60 córdobas (tres dólares). Las zamarras más requeridas son las mismas que en casi todo el mundo: las de Messi y Cristiano Ronaldo.

Especial negocio hacen las compañías de telefonía móvil. Cuando un ‘nica’ descuelga su celular, no hay que extrañarse si en él aparece una imagen de Casillas o Villa. Es la tónica general en el país.

Como experiencia personal, contaré la historia de la compra de un ventilador. El que adquirí en el Oriental había salido ‘rana’ y no había manera de arreglarlo, así que me decidí a comprar uno nuevo en uno de los centros comerciales de la ciudad. El dueño de la tienda reparó enseguida en mi acento español. La primera pregunta, obligada: “¿Del Madrid o del Barcelona?” Debí responder correctamente, porque recibí un gran apretón de manos y un descuento del 30% en el aparato.

Ambos equipos gozan de gran cobertura mediática. Sus resultados suelen ocupar la primera página en los diarios de tirada nacional. Sólo los de Madrid y Barcelona. El resto lo tiene mucho más complicado. Otro medio, el Canal 4 propiedad del presidente Daniel Ortega, emite todos los partidos de Champions de ambos equipos que no puede programar la Fox.

Precisamente fueron las Juventudes del Frente Sandinista quienes intentaron, por primera vez en Nicaragua, ofrecer el Clásico a través de pantallas gigantes situadas en la Plaza del Hilton/Victorias/Fraude -denomínese de distinta manera según la opción política que usted abrace-.

Para fastidio de los hinchas, pagaron la novatada: Sky, plataforma que posee los derechos de emisión de los partidos de la Liga española en el país, paralizó la operación al no haber recibido pago alguno por ella. Distinta suerte corrieron los organizadores de un ‘estadio virtual’: congregaron a cientos de personas con un cóctel de barra libre y fútbol.

La pasión por el Clásico es desbordante: pocos quieren perderse el partido, aunque su horario  corte por la mitad la mayoría de jornadas laborales. Sorprendentemente, muchos enferman o encuentran un gran atasco por accidente ese día. Otros optan por pedir directamente permiso para ver el partido. La ocasión lo merece: es día de fiesta, juegan Barcelona y Real Madrid.

Publicado en Elmundo.es


El ‘Ché’ Guevara contra el ‘Ché’ Guevara

Es sábado de manifestación en Managua. Salgo de mi domicilio con el tiempo justo para llegar a la zona caliente, tras enviar una nota a España. El día se prevé difícil: la Juventud Sandinista ha decidido concentrarse en la plaza del Hilton Princess, donde debía iniciar una marcha contra la candidatura presidencial de Daniel Ortega

Decido comenzar la jornada caminando hacia la rotonda Rubén Darío. Me pilla cerca y, como bien supuse, sería más difícil llegar si voy en coche. El emplazamiento había sido acordonado dos días antes. Se especulaba que las dos marchas podrían coincidir en ese lugar: ya no lo harán. Los orteguistas se han concentrado doscientos metros al Norte.  Apenas hay una veintena en la gasolinera de las inmediaciones. Van ataviados con lacamiseta blanca que reparten representantes del partido.  Una palabra destaca en todas ellas: ‘Paz’.

Avanzo unos cien metros y me topo con el primer grupo de manifestantes. Reparan en mi cámara y posan para que les retrate, cuidándose en mostrar un pequeño pañuelo del ‘Ché’ Guevara y una botella de ron blanco. Acudirán al festival que ha montado el Frente Sandinista. Poco antes de continuar caminando uno de ellos me pregunta, amistoso:

– ¿Vos, de qué lado sos?-

Señalo mi cámara y parece comprender: no repite la pregunta.

En la plaza del Hilton, cercanas las nueve de la mañana, se pueden contar millares de jóvenes. Aún no han comenzado los conciertos, pero se divierten haciendo castillos humanos. El gran escenario que el FSLN ha construido en el lugar me convence: la manifestación contra la reelección de Ortega no llegará a la plaza.

Abandono el lugar por una salida lateral para dirigirme hacia la concentración opositora. Reparo en los antidisturbios que buscan refugio del sol bajo el tejado de un supermercado cercano. Le pregunto a uno de los oficiales que parece al mando: “¿Cómo esperan el día?” Frunce el ceño.

No he recorrido ni 50 metros por la Carretera a Masaya cuando un grupo de ellos comienza a correr hacia una de las entradas laterales. Cuando hago ademán de acelerar el paso, un policía me detiene verbalmente:

-Usted no puede pasar-

-¿Por qué no?-

-Tuvimos un percance y no puede pasar-

Acto seguido, el oficial comienza a correr hacia el lugar del disturbio. Le sigo. A diez metros de la maraña de agentes, la misma aseveración:

-No puede pasar-

-Vengo a informar-

-¿Sos corresponsal?-

-Sí-

Hace una mueca y un gesto aprobatorio. Perfecto, le ‘valió verga’. La escena que me encuentro al llegar sorprende: unos 40 antidisturbios y oficiales se afanan por hacer retroceder a una veintena de manifestantes del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos y del Movimiento Rescate del Sandinismo. A la cabeza del grupo, Mónica Baltodano, diputada y disidente del FSLN, armando consignas a través de un megáfono. Una mujer parece herida por la carga policial.

Las autoridades son incapaces de desplazar a los manifestantes. Se produce una sentada y comienzan a entonar el himno de Nicaragua mientras los oficiales conversan entre ellos, sin romper la formación. Son unos segundos cierta tensión.

A la orden de uno de los agentes, la Policía decide acabar con la sentada. Se forman grupos de tres oficiales que toman por la fuerza a los manifestantes, sujetándolos de manos y piernas. Algunos se resisten y son arrastrados. Una de ellas es Mónica Baltodano. Me vienen a la cabeza decenas de párrafos de libros y artículos de la Revolución Sandinista: 32 años después, la comandante sigue luchando contra autoridades y políticos.

Por un camino lateral conseguimos alcanzar el grueso de la manifestación. Hay menos gente de la que se esperaba. Un amigo me comenta que la policía está impidiendo el paso de vehículosparticulares para que no asistan a la marcha. Muchos temieron posibles disturbios: no les faltaría razón. Aún así, se han dado cita miles de personas. Algunos de ellos también portan pañuelos e imágenes del ‘Ché’ Guevara,  entre cientos de banderas azules y blancas.

Decido adelantarme para cazar al grupo que encabeza la marcha. Se han encontrado con un primer cordón policial que no pueden superar. Los agentes, la mayoría mujeres muy jóvenes, están desarmados. Ante esta eventualidad, deciden abrirse paso entre empujones al grito de ¡Democracia sí, dictadura no! y ¡Viva el pueblo! A la zaga, un camión repite constantemente el tema ‘La Estampida’ de los madrileños ‘Ska-P’.

El siguiente control policíal detiene finalmente la marcha, a unos 500 metros de su inicio. Allí está la jefa de Policía, Aminta Granera, dirigiendo el dispositivo. Parlotea algo por un megáfono, pero es inaudible. Cientos de gargantas están dando su veredicto: “¡Traidora! ¡Traidora!”. Esta vez sí aparecen antidisturbios armados.

Es casi mediodía en el trópico y hace calor, mucho calor. La muchedumbre se detiene por unos minutos, repitiendo consignas populares y entonando tanto el himno oficial de la nación como la ‘Nicaragua Nicaragüita’ de Carlos Mejía Godoy. Un señor me muestra un cartel escrito a lápiz. En él se puede leer: ‘Juego limpio’. Comenta, para mi sorpresa, que es el mismo que llevaba a las marchas de las elecciones de 1990 en demanda de unas elecciones sin fraude.

Otro grupo de féminas ha elaborado decenas de carteles. En ellos se puede leer ‘Mujeres de Izquierda: no tenemos a quién votar, pero no nos van a callar’. Una de ellas grita consignas a la policía mientras un chaval abre una edición de la Constitución y la pone en el rostro de los oficiales.

El semblante de la mayoría de los agentes parece indicar que no quieren estar allí. Dirigen sus ojos hacia el suelo escapando a las miradas y críticas de la muchedumbre. “Sólo  cumplen órdenes”, me dice Eduardo Montealegre, ex candidato liberal a la presidencia del país, al llegar a primera línea acompañado de un oficial.

Tras un par de cargas policiales y la detención por unos minutos de una activista, los responsables de la marcha llaman a la desmovilización. Minutos después todavía permanecen centenares de personas frente al cordón policial. Inician disparos de morteros de fabricación casera y unos pocos comienzan a lanzar piedras ante la indignación de algunos de los manifestantes que piden a sus poseedores el cese de la actividad.

En medio de la escena, decenas de vendedores ambulantes comercian con agua, batidos y refrescos. La actividad no cesa para estos humildes trabajadores, ni siquiera entre una muchedumbre en protesta y una policía a punto de estallar.

Otro señor llama mi atención. Porta un cartel que reza: “Daniel, ¿Dónde están tus caudalo$os río$ de leche y miel? En Albani$a y Alba-Caruna”. Entre los marchantes distingo también a un grupo de oficiales retirados, cruzando por delante de una pared recién decorada con una pintada fresca: “Botamos a Somoza, Ortega es cualquier cosa”, reza.

La marcha se desmoviliza y decido volver a visitar el ‘Festival por la paz’ que el FSLN ha organizado en la Plaza del Hilton. A las 12 de la tarde se contaban allí decenas de miles de jóvenes disfrutando de la música, aparentemente ajenos, entre tragos, a la situación que se estaba dando tan sólo unos metros al norte. Las bandas mezclan ‘rolas’ populares nicaragüenses con otras de signo revolucionario y orteguista.

Me paro junto a un grupo que espera el autobús para irse a casa. Están hablando de la “marcha de Eduardo ‘ladrón’ Montealegre”.

-¿Qué decís de la marcha de la oposición?- pregunto

-Con la nuestra les demostramos que el gobierno sandinista tiene gente, y la va a tener siempre- contesta.

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